jueves, 12 de octubre de 2017

Decisiones simples en medio del caos cotidiano



Desperté de un sueño triste, no sé cómo fue, solo tengo la sensación de tristeza clavada en el pecho. Recordé que debía asistir a un taller de escritura, después de un debate interno entre salir de la cama o quedarme; el olor a café me hizo salir del cuarto a la sala, un tarro de café y las noticias. Mala decisión en un país como el nuestro recibir el día así, pasando de tristeza a tristeza e impotencia. Regresé a la cama y decidí que no quería salir ni cumplir deberes, revisé twitter y demás males de la posmodernidad, puse un tweet sobre Nacho Vegas y descubrí dos fans más de él (me encanta encontrarme gente así). Iniciamos una conversación sobre las ganas de encerrarme con la luz apagada, cigarros y la música de Nacho; era un día que no comenzaría; pero una encomienda me regresó al mundo ya que recibí “Reanudación de las hostilidades”. Llevaba meses esperándolo, tomé la señal de alegría parcial como una necesidad de no rendirme al mundo en la cama y a pesar de la hora tarde asistiría al taller. 


Corrí (metafóricamente) a la calle principal para esperar transporte, “por suerte” un rapidito se detuvo al llegar, a las cuadras se subió un joven que quedó viéndome al entrar, se dirigió al asiento detrás del conductor, iba nerviosa y debatiéndome si debía bajarme pero ya era tarde y no quería llegar tan tarde. Casi llegando al centro escuché al joven decirle al conductor que tomara otra ruta porque allá esperaban a dos más; aproveché a bajarme casi de inmediato y el joven se bajó tras de mí, corrí aterrorizada como cualquiera que pasa temiendo a un momento violento en la calle. Me subí al primer bus que vi y no sé en donde me bajé pero fue cercano al centro así que cuando no vi más al joven regresé a mi ruta, bastante tarde ya para el taller pero quería ir. Caminé pensando en lo jodida que es la ciudad, en cómo me gustaría vivir lejos de ella y en mi incapacidad para aventurarme a abandonar todo y largarme sin contemplaciones de ella. Llegué una hora tarde al taller, el fantasma de siempre no me dejó ser puntual. ¿No es curioso cómo el escribir te saca del mundo aunque también escribas sobre lo de estar inmerso en él? 

Estando en el taller y escuchando las crónicas de las demás personas me sentí bien por fin; ni la tristeza/impotencia, nervios de casi asaltos, nada de esas sensaciones. El agendado narrador Gustavo Campos aun no llegaba y eso me dio confianza de no ser la última en llegar. Se hicieron planes para el próximo taller y en eso entró salvándome de la impuntualidad, intuyo que antes de llegar debatió internamente el consejo de Juana sobre las formas de vivir en este país: enamorado o a verga, tengo indicios de creer que al no decidirse optó por ambas. 

Hubo monólogos, preguntas, risas, aprendizaje, lecturas, miradas cómplices, bostezos y todo cuanto puede ocurrir en una mesa llena de gente creativa, (bueno no todo, pero un algo). Cerrado el taller se abre el post taller que es la esquina donde quienes fumamos compartimos humo pero el espacio es tan amplio que hasta las personas que no comparten humo van y compartimos palabras, hablamos del bostezo cómplice de una compañera ante los monólogos, reímos y eso es una bandera ante la realidad. Nos quitan todo pero no pueden robarnos la complicidad en este país gobernado por dinosaurios. ¡Cuántas historias hay en este país! La colocha y yo llevamos la misma ruta al igual que Gustavo que debe ir a buscar a una amiga pero no anda teléfono así que espera que a pesar de estar una hora retrasado ella se encuentre en el lugar indicado (el tiempo siempre anda equivocado, habrá que buscar alternativas a las horas porque ya no nos cuadran, cada persona carga fantasmas que impiden la puntualidad). 



Bajo con Gustavo del auto pero su amiga se fue, concluimos que hay un espacio donde puede estar y vamos a Café Paradiso, la encontramos y nos invita a un ron mientras conversamos sobre festivales, la sonrisa de un amigo en común, lo cotidiano del país, el tiempo pasa hasta que me despido al apagase mi cigarro y mientras camino al colectivo pienso en la frase de las vidas posibles de Mr. Nobody “Mientras no escojas, todo es una posibilidad”.

lunes, 10 de agosto de 2015

Al muchacho de los ojos inolvidables

A J. L. por ayudarme a entender “I Want To Hold Your Hand”
“De sol a sol te tengo presente, me he enamorado de repente...” Salserin

¿Recuerdas amor aquellos días? Sí, que días no. Aun la tierra no te cubría el cuerpo y yo apenas empezaba a entender tus ojos negros. Jugar maules frente a la casa y atender dos horas la pulpería eran las cosas más entretenidas en ese entonces, hasta que apareciste (siempre te confesé que te note hasta una semana después de mi cumpleaños 14, a pesar que decías tener tiempo llegando a pasarte el rato frente a mi casa), las cosas nacen sin tener mucho sentido, no es que nada de lo que nos siguió llego a cruzársenos por la cabeza, de repente ya la razón por la que llegabas cambio, ya no era ella sino nosotros, las tardes de shores cuadriculados, manos enlazadas, bicicletas, la música en el walkman, tu edad falsa y mi inmadurez, tu historia y el tratar de entender porque eras lo que serás siempre para mí, vos entrando a escondidas a mi casa, los juegos en el mueble, tus besos y mi primer beso, el camino del colegio a la casa y tu sonrisa, si, esa tu sonrisa, mientras de sol a sol cantábamos (muy desafinados) nuestra canción por estas calles ahora tan llenas de ausencia.

A veces escucho tu voz en mi cabeza, recuerdas la frase del big bang: “Estoy loco, sí, pero por usted”, la interrupción de mi padre seguida de la sonrisa de boba que no pude sacarme del rostro por tres semanas (O más);  la primera pelea que nos duró un día y una reconciliación de cuatro horas sin soltarnos las manos con besos a través de la ventana.

¿Cuándo fue que te venció el deber? Es que me es imposible recordarte sin ternura, y sé que la vida se puso fuerte, ya nos habíamos poblado de distancias, quise quedarme pero me fui, quise que te quedaras pero corriste, no fue suficiente el juego de bobos,  la sonrisa que aniquilo sueños  ya no eras vos, no creo que hayas sido vos, manos llenas de pólvora y lamentos.


Me pregunto si en la nota del periódico sobre tu partida mencionaban las cosas importantes: La forma en que mirabas el infinito como quien todavía tiene cenizas de sueños dentro de sí, la suavidad de tus manos, los chocoyos cuando reías sin defensa de chico duro, el sonido de tu voz cuando te quebrabas por la angustia de lo ineludible, el olor a Calvin Klein que siempre me remontará a tu piel, toda la ternura que escondías y soltabas de vez en cuando ante la torre que llamábamos ciudad de luz, tu forma de esperar que saliera la primera estrella en el firmamento tomando mi mano a escondidas, no creo que pudieran describirte, por eso me niego a leer la nota, a ver tu fotografía de cuerpo lleno de plomo, de estadística hondureña, me niego a llorarte, a visitar tu tumba porque yo te recuerdo como el chico que llego a salvarme de las ñolas de un mal partido de maules, el que sonreía mientras me miraba con ese brillo inexplicable, así quiero recordarte incluso ahora que sé seguiste fielmente lo irremediable, muchacho de duabilidades.

lunes, 18 de mayo de 2015

Dedos temblando

"¿Qué sería de la vida, si no tuviéramos el valor de intentar algo nuevo?" Vincent Van Gogh

Bueno, esto no sé exactamente qué es, digamos que voy a intentar compartir por este medio mis experimentos en la narrativa, debo advertir al vacío (ya que no tengo lectoras ni lectores jaja) que soy distraída e indisciplinada, no es que me enorgullezcan esas características pero es por si dejo de escribir por aquí de repente, si no solo vean mi otro blog de poesía y sabrán de que hablo, en fin.
Esto lo hago con todo el miedo del mundo, pero me pregunte ¿por qué no?