A J. L. por
ayudarme a entender “I Want To Hold Your Hand”
“De sol a sol te tengo presente, me he enamorado de
repente...” Salserin
¿Recuerdas amor aquellos días? Sí, que días no. Aun la
tierra no te cubría el cuerpo y yo apenas empezaba a entender tus ojos negros.
Jugar maules frente a la casa y atender dos horas la pulpería eran las cosas más
entretenidas en ese entonces, hasta que apareciste (siempre te confesé que te
note hasta una semana después de mi cumpleaños 14, a pesar que decías tener
tiempo llegando a pasarte el rato frente a mi casa), las cosas nacen sin tener
mucho sentido, no es que nada de lo que nos siguió llego a cruzársenos por la
cabeza, de repente ya la razón por la que llegabas cambio, ya no era ella sino
nosotros, las tardes de shores cuadriculados, manos enlazadas, bicicletas, la
música en el walkman, tu edad falsa y mi inmadurez, tu historia y el tratar de
entender porque eras lo que serás siempre para mí, vos entrando a escondidas a
mi casa, los juegos en el mueble, tus besos y mi primer beso, el camino del
colegio a la casa y tu sonrisa, si, esa tu sonrisa, mientras de sol a sol
cantábamos (muy desafinados) nuestra canción por estas calles ahora tan llenas
de ausencia.
A veces escucho tu voz en mi cabeza, recuerdas la frase del
big bang: “Estoy loco, sí, pero por
usted”, la interrupción de mi padre seguida de la sonrisa de boba que no
pude sacarme del rostro por tres semanas (O más); la primera pelea que nos duró un día y una
reconciliación de cuatro horas sin soltarnos las manos con besos a través de la
ventana.
¿Cuándo fue que te venció el deber? Es que me es imposible
recordarte sin ternura, y sé que la vida se puso fuerte, ya nos habíamos poblado
de distancias, quise quedarme pero me fui, quise que te quedaras pero corriste,
no fue suficiente el juego de bobos, la
sonrisa que aniquilo sueños ya no eras
vos, no creo que hayas sido vos, manos llenas de pólvora y lamentos.
Me pregunto si en la nota del periódico sobre tu partida
mencionaban las cosas importantes: La forma en que mirabas el infinito como
quien todavía tiene cenizas de sueños dentro de sí, la suavidad de tus manos,
los chocoyos cuando reías sin defensa de chico duro, el sonido de tu voz cuando
te quebrabas por la angustia de lo ineludible, el olor a Calvin Klein que
siempre me remontará a tu piel, toda la ternura que escondías y soltabas de vez
en cuando ante la torre que llamábamos ciudad de luz, tu forma de esperar que
saliera la primera estrella en el firmamento tomando mi mano a escondidas, no
creo que pudieran describirte, por eso me niego a leer la nota, a ver tu
fotografía de cuerpo lleno de plomo, de estadística hondureña, me niego a
llorarte, a visitar tu tumba porque yo te recuerdo como el chico que llego a
salvarme de las ñolas de un mal partido de maules, el que sonreía mientras me
miraba con ese brillo inexplicable, así quiero recordarte incluso ahora que sé
seguiste fielmente lo irremediable, muchacho de duabilidades.